MUJERES SUBSAHARIANAS: la reinvención de África
mar 21, 03:10

“estas mujeres, magníficas, sólidas y valientes, son protagonistas de una anónima y cotidiana revolución de solidaridad, fuerza y esperanza”
Estrategias de cooperación femenina
Frente a estos obstáculos, las africanas estructuran redes de solidaridad urbanas inéditas, trascendiendo las relaciones de parentesco estipuladas por la tradición y, en cambio, aglutinando a las mujeres por barrios o por actividades. Las estrategias de adaptación y supervivencia que estos grupos ponen en marcha abarcan un amplio espectro pero una de las claves pareciera ser, como se ha dicho, el evitar el aparato administrativo y financiero formal. Citemos el sistema alternativo de ahorro colectivo entre amigas o conocidas (las tontines del África occidental), que asegura la satisfacción de necesidades económicas o financieras de todas las participantes; desde el pago de la matrícula escolar de los hijos hasta préstamos para inversiones inmobiliarias. En el otro extremo, encontramos, en las zonas más deprimidas de Addis Abeba, redes de mujeres que proporcionan refugio temporal a ladrones a cambio de dinero que les permita mantener a sus familias.
Tampoco el ámbito rural ha sido ajeno a esta evolución de las respuestas cooperativistas femeninas; así, han surgido experiencias como la de la reserva Popenguine (Dakar, Senegal), donde en 1987 un grupo reducido de mujeres campesinas se dedicó a la reforestación de la zona de forma gratuita, para llegar a contar con 1.172 voluntarias en 1997; años más tarde, con ayuda externa, lograron también rehabilitar la laguna de Somone para luego establecer allí un restaurante y un sistema de alojamiento turístico.
La lucha contra la desertización también fue llevada a cabo por un agrupamiento de mujeres en Gandiolais (noroeste de Senegal) con asistencia externa [1], pudiendo efectuarse una reforestación con plantas medicinales. De igual modo, el Proyecto Whotie (al sur de Mauritania) agrupa a 160 mujeres, cada una de ellas encargada de 200 m2 de tierra de cultivo para luego comercializar el producto colectivo a través de la cooperativa. Nótese que estas mujeres whoties se han organizado en grupos de siete, que se turnan para trabajar respectivamente un día a la semana en los huertos y poder dedicar así más tiempo a sus familias y a su formación, al tiempo que coordinan las labores agrícolas con la actividad artesanal, como costura, tintura, cerámica y fabricación de jabón. Las africanas han logrado ampliar sus estructuras de solidaridad, reuniéndose tanto en torno a las agrupaciones semiclandestinas como en el seno de instituciones oficiales. En este sentido, son cada vez más numerosas las organizaciones femeninas del África sub-sahariana de diversa naturaleza, alcance y eficiencia. Podría mencionarse desde la agrupaciones senegalesas “Yewwu Yewwi” (del wolof: “despiértate, luego despierta a otro”) y la Red de Comunicación y Desarrollo de Mujeres Africanas (FEMMET), a las asociaciones profesionales de protección a la mujer en Benin que reúnen, entre otras, a mujeres juristas, pasando por la agrupación regional Mujeres para la Ley y el Desarrollo en África (WILDAF) cuyos miembros son africanas universitarias o, en el ámbito continental, la Federación de Mujeres Africanas de Medios de Comunicación (FAMW).
Otra faceta de la capacidad asociativa de ayuda recíproca de las mujeres negro-africanas son los movimientos para la promoción de la paz liderados por mujeres en diversos países como Mozambique, Liberia, Etiopía o Sierra Leona, asolados por conflictos de todo tipo. En el caso de Mozambique, cabe mencionar ONGs como la Organización de la Mujer Mozambicana (OMM), movimiento que perteneció al FRELIMO y que luego se separó del mismo para establecerse como organización no gubernamental encargada, entre otros, de la educación de adultos, planificación familiar o de la mujer y la ley. La estructura institucional femenina comienza a afianzarse y abrir nuevas alternativas como la estructura del Forum Mulher también en Mozambique, que agrupa a ONGs, ramas femeninas de partidos políticos, agencias estatales relacionadas con el tema de mujeres y organizaciones internacionales. En Sierra Leona, por su parte, el Movimiento de Mujeres para la Paz (WMP) tenía por objetivo asegurar la participación de las sierraleonesas en las negociaciones de pacificación del país a la vez que planificó una estrategia de prevención de conflictos que incluye áreas tan diversas como la educación, rehabilitación, asesoría legal e investigación. De igual manera, Eritrea, la Asociación de Mujeres Eritreas, participó intensamente en la lucha de liberación nacional, actuando sus miembros tanto como combatientes como desde puestos de educadoras. Fueron también mayoritariamente mujeres, sea como individuos sea dentro de ONGs [2], o de los partidos políticos más radicales, las que mejor asumieron las relaciones interraciales durante el régimen surafricano del apartheid y las que, en su momento, en el seno del ACCORD (Centro Africano para la Resolución Constructiva de Disputas) mediaron entre el grupo nacionalista zulu Inkhata y el Congreso Nacional Africano.
No debe olvidarse que la colaboración de africanas desde el exilio también ha aportado mucho a la promoción de estos grupos femeninos; citemos sólo al WUFTROL para la restauración de Liberia (con sede en Canadá), la SWO (Organización de Mujeres Sudanesas) con base en el norte de Londres o la más amplia AWW (Mujeres Africanas y la Guerra), con base en el Reino Unido. El listado es verdaderamente extenso pero no quisiéramos omitir la agrupación Akina Mama wa Afrika (Hermandad de Mujeres Africanas), con sede central en Londres, que ofrece asistencia a africanas dentro y fuera del continente a la vez que publica la revista African Woman. En el plano internacional, se ha visto el dinamismo, fuerza y capacidad organizativa de los movimientos femeninos africanos en diversas ocasiones; una muestra de ello fue la amplia participación de mujeres subsaharianas en la Conferencia Regional de Dakar Preparatoria de la IV Conferencia de la Mujer, a la que asistieron unas 5.000 mujeres.
Las redes de solidaridad oficiales y no oficiales de las africanas del sur del Sahara abarcan un amplio espectro de ámbitos, actividades, estrategias y objetivos cuya descripción excede las posibilidades de las presentes líneas. Sin embargo, al margen de esta diversidad, subyace en todas estas formas de cooperativismo una vocación integral e integradora. Las mujeres africanas procuran mantener abiertos los modelos de adaptación a las nuevas circunstancias y de solución de problemas, replanteando su marginalización para convertirla en nuevos horizontes, en respuestas en las que solidaridad y supervivencia se entrelazan. Estas mujeres africanas no debieran ser percibidas, entonces, sólo como supervivientes por excelencia sino, como se ha dicho anteriormente [3], “estas mujeres, magníficas, sólidas y valientes, son protagonistas de una anónima y cotidiana revolución” de solidaridad, fuerza y esperanza.
Verónica Pereyra es africanista. Autora de numerosos artículos sobre el tema y coautora de libros sobre literaturas africanas y la situación de la mujer subsahariana. Este artículo ha sido publicado en el nº 7 de la edición impresa de la revista Pueblos, verano de 2003, pp. 32-34.